Blizzard tardó bastantes años en sacar del horno World of Warcraft, uno de sus proyectos más ambiciosos basados en su franquicia de éxito. El producto final fue un éxito de ventas y suscriptores jamás visto hasta el momento, con un pico de más de 13 millones de suscriptores. Rehizo lo que son los MMORPG, y el resto es historia.

Pero hoy en día compite directamente con decenas o cientos de videojuegos gratuitos, y todos intentando captar la atención. Si bien ya no dispone de tantos millones de jugadores, sí que es un buen incentivo para volver a World of Warcraft el lanzamiento de una nueva expansión como es Legión. Además, una que recupera parte del encanto perdido por el juego en los últimos años.

Trasfondo

En esta ocasión el enemigo es el líder de la Legión Ardiente, un grupo de asalto demoníaco liderado por Sargeras, que es uno de los enemigos recurrentes de la franquicia. Eso implica que, al igual que en la expansión anterior, Gul'dan tendrá su dosis de protagonismo, así como otros seres demoníacos que llevaban mucho tiempo sin aparecer como Xavius (pero mucho, mucho).

En general la premisa es que hay que defender una vez más Azeroth de una invasión demoníaca, y para ello se ponen del lado de los buenos los magos de Dalarán, que será el centro de la actividad social una vez más. La ciudad no ha cambiado demasiado, pero se han remozado distintas zonas para darle un mayor interés, como por ejemplo la de los Bajos Fondos, que ahora es una zona JcJ bastante... curiosa.

Blizzard ha tomado elementos de The Burning Crusade y The Wrath of the Lich King para revitalizar el juego, y por tanto el escenario al que lleva al jugador es bastante familiar. Se trata de las islas Abruptas, que es una mezcla de Rasganorte (Northrend) y Draenor. Está compuesta por cinco zonas por ahora, y dos que se abrirán en futuras actualizaciones.

Cada una posee su propia facción y una serie de hilos argumentales que habrá que ir desgranando para conseguir el habitual logro de finalización de la historia de la zona, y la reputación para el vendedor de facción. Las zonas recuerdan poderosamente a otras de las expansiones ya mencionadas, pero sobre todo de Rasganorte. Pero en esta ocasión, la subida de nivel hasta el 110 va a ir muy rápida, y en realidad a partir de ahí os vais a hartarde hacer misiones, pero en un sentido bueno.

Novedades

Muchas son las novedades del juego en el terreno de las mecánicas, y es donde Blizzard ha hecho una labor excelente. Muy pronto en la expansión se lleva al usuario ante los líderes de su facción en un bastión o sede específico para cada clase. En ella se le da la opción de elegir un arma artefacto, que es la forma en que ha tenido Blizzard en esta ocasión de proporcionar talentos adicionales a los jugadores, en vez vez de nuevas habilidades cada vez que se obtiene un nivel.

Cada especialización tiene su propia arma artefacto, que tienen su propio nivel. Se sube de nivel la arma consiguiendo puntos de poder de artefacto de diversas fuentes, y a cada nivel se puede invertir un nuevo punto en un talento específico. Se obtienen sobre todo como recompensas de misión y al matar jefes en las mazmorras, pero también con las misiones de los seguidores, un elemento que se retoma de Warlords of Draenor.

Cada nivel nuevo cuesta más puntos que el anterior, hasta el punto en que será preciso dedicar horas y horas de juego si se quiere tener el arma a su máximo potencial. Aunque para ello se necesitarán meses de estar atrapado jugando la expansión. Una buena forma de premiar la asiduidad por encima de los jugadores casuales, con importantes implicaciones en otras áreas del juego como el JcJ. Además, cada arma tiene tres tipos de gemas que incrustar (son objetos que se pueden fabricar o encontrar), que potencian su nivel de objeto. Estas gemas son la única forma de hacer que las armas mejoren.

Además de los talentos de toda la vida, añaden talentos de honor de JcJ que se van desbloqueando al subir el nivel específico del personaje en JcJ. Nuevamente, lo han hecho para recompensar a aquellos que se dedican más a este apartado en el juego y que el equipo no sea tan importante como disponer de los talentos adecuados. El primer talento que se obtiene es la típica insignia de libertad, en vez de ser un abalorio.

Aunque el mayor cambio que plantea el juego en el terreno de mecánicas es el de la llegada de los cazadores de demonios. Es una clase sacada directamente del ejército de Illidan, armado con dos gujas afiladas (glaives), y dos especialidades solamente: tanke y daño. Tienen una gran movilidad, tanto para lanzarse al combate como para huir de el, y tienen un doble salto que les permite flotar durante largas distancias como un importante extra.

La subida hasta el nivel 110 es solo el comienzo de muchas horas disfrutadas en Legión. Al subir la reputación a Amistoso con las cinco facciones de las cinco zonas principales de las islas Abruptas, se desbloquean las misiones globales. Son bastante importantes porque al ir completando esas misiones se obtiene más equipamiento, recursos de la sede, oro y puntos de poder de artefacto entre otros, necesarios para mejorar con mayor rapidez.

La dificultad de las mazmorras es bastante adecuada para lo que busque cada jugador. Una vez se llegue a un nivel de equipo determinado, se desbloquean las heroicas, que son un mayor reto que las normales, pero sin llegar a extremos desagradables. Sin embargo, el verdadero reto se ha dejado para la versión mítica de las mazmorras, en las que se va a necesitar tiempo para ir avanzando por ellas, y que un error puede producir que muera todo el grupo. El control de masas será imprescindible.

Conclusión

En esta ocasión Blizzard ha recogido todos los comentarios y quejas de los jugadores y los ha tratado de forma que se puede decir que va a contentar a todo el mundo. Los que quieran centrarse en el PvP podrán hacerlo, y quienes prefieran dedicarse a las mazmorras y bandas también. Hay tantas cosas que hacer que los que tenemos poco tiempo para jugar en un día nos va a costar decidir a qué dedicar el tiempo.

Como en Warlords of Draenor, el sistema de seguidores hay que dedicarle tiempo, y además son necesarios para completar la campaña de la clase y desbloquear la tercera gema de la arma artefacto. El sistema de fabricación será en realidad bastante colateral para muchos jugadores, pero está integrado en el sistema de misiones. Para obtener nuevos esquemas habrá que completar misiones, y muchos de ellos tienen varios niveles.

En esta expansión hay mucho para hacer y poco tiempo para aburrirse. Ha sabido integrar gran cantidad de historia de trasfondo al juego, y el resultado para los más frikis de World of Warcraft es que se podrán regocijar en todas las historias y anécdotas que se cuentan. Si eres un exjugador que no sabía si esta expansión merecía la pena, ya puedo asegurar categóricamente que sí, y no te vas a arrepentir del tiempo que pases luchando contra la Legión Ardiente. Imprescindible.

Puntuación

9.5

sobre 10

Lo mejor

  • El sistema de misiones globales.
  • La dificultad de las mazmorras míticas.
  • Hay mucho trasfondo por descubrir.

Lo peor

  • La expansión en sí no tiene nada malo.