Una década de sanciones, de Trump y Biden, al sector de los semiconductores e inteligencia artificial han hecho que China esté camino de ser autosuficiente. Pero en la situación económica actual de ambos países, lo que no quiere ninguna es que vayan grandes cantidades de dinero a la otra a través de impuestos. Así que, a pesar de que Trump levantó el veto a la venta de aceleradoras de NVIDIA a empresas chinas, ahora es China la que veta la compra de esas aceleradoras.

El motivo es que China tiene ya una importante producción nacional de aceleradoras que, aunque no sean las mejores, son más baratas y hace que el dinero se quede en casa. La mayoría son desarrolladas con subvenciones, pero el objetivo es que no se vaya a las arcas de EE. UU. decenas de miles de millones en impuestos de venta de las aceleradoras a las empresas chinas. Ese impuesto es un 25 % del precio de la aceleradora. De hecho, el propio Trump ha dicho que China no aprueba la compra porque «están desarrollando sus propias» aceleradoras.

Esto es un revés adicional para Trump porque su política de aranceles ha sido un completo desastre, hundido por el Tribunal Supremo estadounidense. A las puertas de tener que devolver cientos de miles de millones en aranceles cobrados de manera ilegal, necesita compensarlo con algo, y los ingresos de las ventas de las H200 a China le vendrían muy bien. Pero como al final los políticos actúan como si el dinero no fuera de nadie —Carmen Calvo dixit o creciera en los árboles —«chiqui, son 1200 millones, eso es poco» como dijo la también socialista María Jesús Montero—, pues al final pasa lo que pasa, que los ciudadanos tenemos que pagar de nuestros bolsillos su despilfarro.

Vía: Tom's Hardware.