Owlcat Games es un estudio que de momento se está centrando en juegos de rol, y por ello hay que entender que son de rol, no esos de acción con niveles a los que vas asignando habilidades nuevas. A cualquier cosa le llaman hoy juego de rol, pero a lo que nos referimos los más veteranos es a títulos como Baldur's Gate 3: muchos diálogos, muchas elecciones que afecten a tu entorno, buen desarrollo de la ficha de personaje, gestión de inventario y demás.
Ha puesto en el mercado dos de bastante éxito basados en Pathfinder, un derivado del sistema d20 de Dungeons & Dragons, y que ha sido durante muchos años muy popular, sobre todo cuando Wizards of the Coast hundió en la miseria al D&D con una serie de muy malas decisiones. Wrath of the Righteous es reciente y en continua actualización, por lo que la noticia de que iba a desarrollar un juego de Warhammer 40K fue recibida por los roleros con entusiasmo.
Usa el sistema del juego de rol Rogue Trader publicado por Fantasy Flight Games, otra veterana del mundo de los juegos de rol, por lo que Owlcat se ha centrado en plasmar todo eso en el videojuego Warhammer 40K: Rogue Trader con bastante fortuna. Aunque, claro está, con la profundidad que tiene el juego y lo complejo que es, no está exento de problemas. Pero el resultado es francamente bueno.
Antes de empezar…

Arriba tenéis el tráiler de lanzamiento del juego, y veréis que da todo lo que se puede esperar de un juego basado en Warhammer 40K, incluido un lobo espacial y un éldar aeldari para unirlos al grupo. Pero lo primero es hablar del rendimiento del juego, aunque utilizando un sistema de combate por turnos tampoco va a ser un gran problema mientras se la tarjeta gráfica pueda ejecutarlo a más de 30 fotogramas por segundo.
El juego tiene un rendimiento bueno, por lo que irá bien en la mayoría de equipos incluso con una GTX 1050 Ti que para hoy en día es muy modesta. En la Radeon 680M irá bastante bien a FHD. Tiene algún problema de rendimiento en los cortes al usar también el motor gráfico del juego, aunque no tendría que ser así.
Para los que necesiten un empujón extra de rendimiento, en las opciones gráficas se incluye FSR. Esto juega a favor de los monitores de alta tasa de refresco pero también para los que jueguen en macOS. Lo he jugado mayormente en un Mac Studio con un M1 Max, a UHD con FSR en 'equilibrado', y no ha habido tirones durante el juego. Se ha mantenido sobre los 45-55 fotogramas la mayor parte del tiempo.
El único problema es que es FSR 1, el escalado espacial, por lo que no hay efecto de suavizado de bordes. Lo extraño es que el juego incluye TAA, que es un prerrequisito para FSR 2, el escalado temporal, por lo que Owlcat Games peca en este terreno de vaguería suprema porque meter FSR en un juego con TAA es literalmente cuestión de dos tardes.
Por comodida, os pongo los requisitos proporcionados por Owlcat Games, teniendo en cuenta que el juego ocupa 100 GB:
- Mínimos: Core i5-4590T, HD Graphics 630 o Radeon RX Vega 6, 8 GB de RAM.
- Recomendados: Core i5-6400, Radeon RX 570 o GTX 1050 Ti, 16 GB de RAM.
Ambientación

Owlcat Games ha sabido plasmar perfectamente lo mejor de Warhammer 40K en el juego, al cual no le falta ni un solo detalle. El personaje principal es convocado por la mercader corsaria de la casa Von Valancius de la cual tiene sangre corriendo por sus venas. Como potencial sucesor del título, la situación se va a torcer rápidamente ya que el personaje se adentrará en una serie de intrigas que desembocan en claras herejías, y por tanto los seguidores del dios emperador de la humanidad tendrán que acabar con ellas. O unirse de buen grado.
La ambientación se desarrolla en la expansión Koronus, una región del espacio a la que el dios emperador ha cedido a varios mercaderes corsarios para que gestión en su nombre a través de una patente comercial. En ella no faltan diversas facciones con las que ir ganando reputación, y todas muy relacionadas con la temática del Imperio.
Una de las principales mecánicas, estrechamente relacionadas con la historia y los resultados de las acciones del jugador, es la del alineamento representado por tres líneas: dogmático, iconoclasta y hereje. Las tres son totalmente autoexplicativas. Cada vez que se selecciona una opción de diálogo de cada una se recibe una cantidad predeterminada de puntos en ella, que sirven para subir de nivel en ese alineamiento. Cada nivel da acceso a habilidades especiales, por lo que tampoco está de más tener un mínimo en las otras dos, aunque nunca a costa de la principal. «¡Todo por el emperador!», es un buen lema para los puritanos.
Todas las decisiones importantes afectan a la trama, porque se van eligiendo aliados y enemigos; matar o dejar vivir a alguien puede tener posteriormente consecuencias. El problema es que muchas veces la orientación del personaje pide que hagas una cosa y tu conciencia otra. Pero la lucha contra el Caos siempre estará ahí, y de hecho la senda del hereje llevará a convertirse en un campeón del Caos, que aparentemente está por ahora bastante defectuosa. O no, dependiendo de lo que se quiera.
Los compañeros también también tendrán un alineamiento. Por ejemplo, Argenta, que la recibes prácticamente al inicio del juego, es una adepta sororitas y por tanto empieza con Dogmatismo 3. Idira, una psíquica no sancionada, con Hereje 1. Pero esto no es como el antiguo alineamiento del D&D de bueno, neutral o malo. Un hereje puede tener buenas intenciones, por lo que de cara a la ambientación, salvo que haya sido corrompido por el Caos, no es intrínsecamente malo.
Otra mecánica curiosa, y que realmente se alinea bien con la ambientación de Warhammer 40K, es el sistema monetario del juego. Hay simplemente un factor de beneficio que determina lo rico que es el mercader corsario. Las reputaciones se suben proporcionando lotes de objetos a cada facción, a una puntuación determinada según el tipo de lote. Una vez que se desbloquea un nivel de facción se podrán comprar todos los objetos de ese nivel sin perder factor de beneficio. Es un sistema que se ha usado en otros juegos de rol anteriormente, y que para Warhammer 40K me parece que encaja a la perfección.
Personajes

Owlcat aprendió de sus errores de Pathfinder: Kingmaker en las fichas de los PNJ del grupo. Estaban en general mal equilibradas, y muchas veces sin sentido. En Pathfinder: Wrath of the Righteous corrigió mucho el rumbo proporcionando unos PNJ más equilibrados, y eso lo ha continuado en Warhammer 40K: Rogue Trader. Aunque el sistema de juego es bastante distinto que el de D&D.
La creación de personaje toma prestados los nombres y el regusto del juego de rol de Rogue Trader publicado por Fantasy Flight Games, pero conviene dejar clara una cosa: Owlcat no ha adaptado el sistema al pie de la letra, como sí intentó con Pathfinder. El propio estudio ha reconocido que el juego de mesa se queda corto en habilidades y progresión para una campaña de estas dimensiones, así que lo que hay por debajo es un sistema propio que solo comparte con el original las etiquetas: mundo de origen, trasfondo y un momento definitorio que dan forma a las características, habilidades iniciales y talentos que el personaje irá adquiriendo. Los que vengan de Pathfinder tendrán que cambiar el chip de todas formas, porque el d20 ha quedado completamente aparcado.
Las clases se organizan en tres niveles: arquetipo inicial —Guerrero, Oficial, Operativo, Guardia y Soldado—, arquetipo avanzado que se desbloquea ya bien entrada la campaña y permite especializar al personaje en roles como Militante Supremo, Asesino, Gran Estratega o Maestro Táctico, y arquetipo ejemplar, que llega al final y consolida la construcción. Esta estructura da mucha más flexibilidad que una clase única porque casi cualquier combinación de características se puede llevar a buen puerto con los arquetipos adecuados, pero también obliga a planificar desde el principio si se quiere aprovechar las sinergias. Y sí, existe la opción de respecar tanto al personaje como a los compañeros a través del alto factótum Janris Danrok en el puente de la nave, lo cual agradecerán los que se equivoquen en las primeras decisiones.
Los compañeros están bastante bien diseñados y son muy distintos entre sí. Abelard, el senescal, es el típico tanque leal hasta la médula. Argenta, la adepta sororitas, es una máquina de derramar plomo bendecido con su bólter de asalto que además escala brutalmente con el nivel. Cassia, la navegante, es posiblemente el personaje más desequilibrado del juego por la combinación de control de grupo y daño a distancia con su ojo de navegante.
Pasqal, el tecnosacerdote del Adeptus Mechanicus, cumple el papel de apoyo técnico y daño a media distancia. Idira, una psíquica no sancionada, tiene mucho potencial pero te puede arrastrar al Caos si se abusa de sus poderes. Heinrix, el interrogador de la Inquisición, es un híbrido de cuerpo a cuerpo y psíquico muy sólido. Jae Heydari, una trepa con labia, se especializa en engaños y disparos a traición. Y, más avanzada la campaña, llegan Yrliet, la aeldari exiliada que brilla como francotiradora, y Ulfar, un lobo espacial que hace justicia a la estampa de los Astartes en mitad del combate.
Es inevitable que unos destaquen más que otros —Cassia y Argenta son, con diferencia, los pilares de cualquier grupo competente—, pero al menos ninguno queda tan descolgado como los peores PNJ de Kingmaker. En mi caso, como comento más abajo, opté por replicar a Argenta en el propio mercader corsario para doblar la munición sagrada, y el resultado es todo lo devastador que cabe imaginar.
Jugabilidad

El combate es por turnos sobre una rejilla, con una capa táctica que bebe a partes iguales de XCOM y de los propios juegos previos de Owlcat en su modo por turnos. Cada personaje dispone de puntos de acción y puntos de movimiento, además de reservas y acciones extra que van desbloqueando las clases, lo que permite cadenas de ataques encadenados que, bien planificadas, acaban con encuentros enteros sin que el enemigo llegue a moverse. El sistema de coberturas es el habitual del género —cobertura ligera y pesada, flanqueo, líneas de visión—, pero adquiere un peso especial porque a media distancia las probabilidades de acierto caen rápido si no se aprovecha el terreno.
La mecánica estrella es el impulso (momentum): una barra común al grupo que empieza cada combate en 100 y se mueve entre 0 y 200 según el daño que se inflige, los enemigos que se abaten y los golpes que encaja el propio grupo. Cuando sube por encima de 175, cualquier personaje puede usar su acción heroica, una habilidad devastadora asociada a su arquetipo; si en cambio cae por debajo de 25, se desbloquean las medidas desesperadas, que son prácticamente las mismas acciones pero con una penalización persistente sobre quien las ejecuta —pérdida de movimiento, mitad de Compañerismo, coste adicional en todas sus habilidades el resto del combate— a cambio de intentar sacar al grupo del apuro. Administrar esta barra es parte de la diversión: elegir cuándo romper la baraja con una heroica, y resignarse a pagar el precio de una desesperada cuando el combate se tuerce de verdad.
Donde Rogue Trader brilla de verdad es en las sinergias entre personajes. Cassia marca a un enemigo con su ojo para debilitar sus defensas, Argenta encadena una ráfaga que aprovecha ese estado, y un oficial al final del turno le regala a Argenta una acción extra con la que rematar a dos más. Encontrar estos encadenamientos y exprimirlos es extremadamente satisfactorio, aunque esa misma potencia es la que acaba rompiendo el equilibrio del juego a partir de mitad de la campaña: con la composición adecuada, el grupo desborda cualquier encuentro sin demasiadas dificultades, y los picos de dificultad que menciono más abajo vienen precisamente de los combates diseñados para contrarrestar esas cadenas. Owlcat tendrá que meter mano a esto en los próximos parches, porque algunas combinaciones —sobre todo con el Militante Supremo acumulando Versatilidad sin freno con fuego en ráfaga— son directamente abusivas.
Fuera del combate, la exploración se reparte entre mapas amplios en planetas, estaciones y naves abandonadas —con tiradas de habilidad pasivas que recompensan haber repartido bien los puntos en pericias como Medicae, Coerción, Lógica o Tecnología— y el mapa estelar de la expansión Koronus, donde se salta de sistema en sistema descubriendo colonias que administrar, encuentros aleatorios y emplazamientos especiales que suelen dejar buen botín. Eso sí, los umbrales de las tiradas en dificultad «difícil» están bastante inflados en esta primera versión del juego, y es habitual ver cómo un personaje con la pericia supuestamente adecuada falla tiradas que sobre el papel debería superar con holgura. Es otro de los puntos que Owlcat tendrá que afinar con el tiempo.
Lo mejor de los juegos de Owlcat es el apartado de gestión o estrategia que les añade. En este caso, el combate entre naves del vacío que añade una dimensión más con la que perder tiempo en el juego, pero añade un extra de inmersión en la ambientación y en la historia. Tiene una progresión separada de los personajes, pero estos pueden asignarse a puestos de combate en la nave con los que se irán consiguiendo nuevas habilidades a usar durante los combates.
No es un sistema de combate especialmente profundo, pero sí que tiene una progresión establecida. Algunas veces habrá que rechazar combatir al visitar un sistema para volver cuando se tengan mejores armas. En esto ayudará mucho los objetos que se irán desbloqueando a la Armada Imperial, porque simplificarán rápidamente mucho este aspecto del juego. Quizás demasiado, aunque no lo llegue a convertir en algo trivial.
Conclusión

Owlcat Games ha hecho una gran labor a la hora de recrear la ambietnación de Warhammer 40 000 en un videojuego. Todo el trasfondo está bien plasmado, en lo cual incluyo el arte del juego, que es lo que permite que te metas de lleno en el universo. Pero en ese intento de recrear todo lo máximo posible, quizás se hayan pasado un poco con la parte de juego de rol, porque hay una enorme cantidad de texto que leer y una infinidad de opciones entre las que elegir.
Si Pathfinder: Wrath of the Righteous ya era un juego con muchísimo texto, este tiene bastante más. Los que disfruten con esta ambientación, como es mi caso, lo disfrutarán. Pero también hay muchos jugadores que realmente solo quieren ir a la parte de acción. El problema está en lo habitual de los juegos de Owlcat: se te pueden escapar bastantes cosas en los diálogos como pongas el automático y te los vayas saltando.
La trama es interesante, aunque a ratos me da la sensación de que es similar a la de Wraht of the Righteous, sobre todo en el desarrollo de los acontecimientos. Pero a medida que vas avanzando por ella, y vas descubriendo más pequeños detalles del mundo de Warhammer 40K, te das cuenta de que no se le puede pedir más en este terreno.
Lo bueno de los juegos de Owlcat Games es que a la parte de rol le añade una parte de estrategia bastante importante. Siempre me ha gustado la forma de moverte por el mundo de juego, o en este caso por la zona del espacio del juego, moviéndote de nodo a nodo, descubriendo nuevos planetas, lugares especiales a explorar, y combates espaciales a librar. Esta última parte es algo ligera pero tiene la suficiente profundidad estratégica como para resultar interesante. Quizás se me ha hecho un poco pequeño el mapa de juego, pero con lo que se tarda en completar Rogue Trader no lo veo como algo negativo.
El tema de los fallos de juego es siempre peliagudo. Entiendo que es un juego especialmente profundo, con muchas opciones en los diálogos que llevan a distintos resultados, infinidad de combinaciones de las habilidades de los personajes, por lo que al final es inevitable que haya una buena cantidad de fallos en el juego. Owlcat Games ha sido rápida a la hora de atajar los más problemáticos en estas tres semanas después de la puesta a la venta del juego, pero quedan una buena cantidad de ellos, aunque de momento no me he encontrado ninguno que impida avanzar.
Por lo demás, la dificultad 'difícil' en la que me he pasado el juego tiene algunas veces unos picos de dificultad pronunciados, y en otros bajones notables por lo que Owlcat también tendría que darle un repaso a la dificultad de algunos combates. El problema reside en realidad en las clases de personaje y los propios compañeros que recultas, porque unos son bastante mejores que otros. Cassia es el mejor personaje, y su utilidad es máxima. Argenta es también fundamental en el grupo, y en mi caso hice un personaje copia con mismas características. Si una adepta sororitas permite repartir plomo de bólter por doquier, dos adeptae sororitas no deja nada en pie.
Warhammer 40K: Rogue Trader es un juego de rol para aquellos a los que realmente les gusta los juegos de rol y no los sucedáneos de acción que tanto abundan. Es rol del bueno, con trama y amplias opciones de transformar el mundo de juego con las decisiones que se tomen, y un sistema de personajes y combate que resulta interesante aunque sea especialmente complejo. Llevará días o alguna semana que otra hacerse con él.
Puntuación
8.0
sobre 10