En los últimos años, las adaptaciones de videojuegos y cómics a la gran pantalla se han convertido en un negocio muy lucrativo. Muchos estudios tienen planificadas películas de aquí a más allá del 2020, prueba de que confían en que dichos productos van a seguir siendo rentables durante un buen tiempo.

Una de las últimas adaptaciones que acaba de ser estrenada es Assassin’s Creed, basada en la popular franquicia de juegos de la compañía francesa Ubisoft. Con un reparto espectacular, un director con talento y una historia interesante, sobre el papel no debería fallar. Aunque la teoría es una cosa, y la práctica otra.

El credo de los Asesinos

La película sigue un argumento similar al primer juego. Callum Lynch, interpretado por el cada vez más ubicuo Michael Fassbender, es un condenado a muerte que ve como una organización le salva de morir simulando su ejecución. A cambio, es sometido a una máquina que le permite acceder a los recuerdos de uno de sus antepasados para localizar un artefacto poderoso.

Los recuerdos del antepasado de Lynch, Aguilar de Nerja (escrito como Nerha en la película), cubren buena parte del metraje de la película. Durante el presente, el protagonista interactúa principalmente con la responsable del Animus, así como con otros sujetos del estudio. Ambas partes son importantes, ya que entre ellas construyen poco a poco la historia.

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Un reparto estelar

Los actores de la película son fantásticos, pero aquí no lo dan todo. La interpretación más destacable es la de Michael Fassbender, quien sí tiene ocasión de dar todo un recital interpretativo en una de las escenas. Sin embargo, como su personaje no tiene suficiente profundidad, el actor hace todo lo que puede, dando una interpretación que es, en promedio, poco más que correcta.

En cuanto a Marion Cotillard, la francesa tiene el papel más plano de la película, quedando reducida a secundaria de lujo. La sensación que da es que no está más que para exponer ciertas cosas a nivel de trama, que no son muchas, y a darle la réplica a Fassbender y a Jeremy Irons. Una pena.

Por otro lado, Jeremy Irons da la impresión de que se ha tomado la película como un trabajo estrictamente alimenticio. Otro gran actor que habrá recibido una cantidad atractiva por aparecer en pantalla y que es más bien un secundario venido a más, del tipo que puede interpretar hasta dormido.

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Una puesta en escena espectacular

La película es visualmente espectacular. El espectador español se quedará sorprendido con el tratamiento hollywoodiense que recibe nuestro país en la película. Los escenarios impresionan y hay determinados emplazamientos, sumamente conocidos en España, que quedan bien en pantalla.

Las escenas de acción son una de las partes más interesantes de la película. Aunque no son tan buenas como en otras películas recientes, se siguen bien y mantienen el interés del espectador, consiguiendo causar la tensión necesaria en el momento oportuno.

En cuanto a la dirección de la misma, es más que correcta. Justin Kurzel es un buen director que se sale en esta película de lo que nos tiene acostumbrados. En algunos aspectos no es muy diferente de la adaptación que hizo con Cotillard y Fassbender de Macbeth, pero sí tiene un problema muy grave, el montaje final.

El mayor problema de la película no son los agujeros de guion, que los hay, sino el montaje de los últimos veinte minutos de la película. Da la impresión que en la versión estrenada faltan cosas, ya que el desenlace es confuso, acelerado y carente de sentido y, lo que es peor, orientado a una secuela que quizá no vea nunca la luz del día. Durante el resto de la película mantienen un ritmo adecuado y quizás como la mejor adaptación de un videojuego hasta la fecha, pero todo se manda a hacer gárgaras en el final.

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Los errores de estrenar durante la Navidad

La película no es mala, ni mucho menos, pero deja un sabor amargo. Tiene partes realmente buenas, pero que quedan deslucidas por las malas. Además, la película tiene otro problema, y es que al haber sido estrenada cuando Rogue One: una historia de Star Wars está en cartel, compite por el mismo público. Y al caer también las festividades de este año en fin de semana, eso puede lastrar sus resultados en taquilla y evitar que hagan una segunda parte.

Por lo demás es una película que va a tener su público, aunque algunos de ellos puedan verse decepcionados. No obstante, es una película para pasar el rato y que no es de las que te da la impresión de haber tirado el dinero de la entrada. Tal vez, con si se lanza una versión extendida para el mercado doméstico, la película supla sus carencias con un montaje diferente.