World of Warcraft cuenta ya con 10 años de aventuras a sus espaldas. En el momento cumbre llegó a superar los 13 millones de suscriptores, pero el giro de 180 grados hacia los modelos free-to-play y freemium de muchos de los juegos multijugador online (MMO) ha hecho que baje hasta algo más de seis millones. Al menos hasta el lanzamiento de Warlords of Draenor, su quinta expansión.

En Blizzard no planean jubilar al juego, aunque han añadido en los últimos tiempos una tienda de objetos virtuales, como monturas y pets, y no es por ahora indicativo de que vaya a pasar a un modelo freemium. No hace falta. La llegada de Warlords of Draenor ha atraído a millones de jugadores que han reactivado sus cuentas, con las consiguientes y temidas colas de espera para entrar a los servidores a jugar que hicieron esperar a muchos hasta 3 horas.

Un nuevo terreno muy familiar

Warlords of Draenor sigue los acontecimientos de Mists of Pandaria. Garrosh Hellscream es capturado y, antes de que pueda ser juzgado, escapa con la ayuda de dos inesperados aliados, Wrathion y Kairoz. Viaja al pasado a Draenor, el mundo natal de los orcos, y allí crea una Horda de Hierro, evitando que se corrompan por la Legión Ardiente y se cree la Horda.

Esta es una expansión realmente épica, con una gran historia de fondo y muchos conocidos en la sabiduría popular del juego. La presentación de personajes como Gul'dar, a medida que nos los vamos encontrando, se hace al estilo de los personajes importantes de Borderlands (con su letrero moviéndose que indican quién es, a la vez que hacen algún movimiento intimidatorio). No me parece que quede del todo bien, pero tampoco queda mal.

Los que jugárais la primera expansión del juego vais a encontraros zonas muy familiares, desde Shattrath hasta Auchindoun, pasando por Zangarmarsh y otros. Pero como es el mundo previo a la destrucción de la Legión Ardiente, es muy distinto a su vez. La zona inicial de la Horda es Cresta de Fuego Glacial, que como ya os habréis imaginado es una zona helada. Llegaremos una vez hagamos las misiones introductorias cerca del Portal Oscuro que nos ha llevado directos al pasado.

Nuevas mecánicas y más de lo mismo (y eso no es malo)

El primer añadido importante de Warlords of Draenor es que seremos comandante de nuestra propia base de operaciones. En ella tendremos que ir eligiendo qué construir: barracones, almacenes, laboratorios, etc. Cada edificio tiene un tamaño (grande, mediano, pequeño) y según el nivel de nuestra base tendremos más o menos huecos para edificios, que también se podrán mejorar a nivel 2 y 3. Este tipo de minijuegos os resultarán familiares.

Además de esto, podremos asignar a ciertos edificios uno de nuestros Seguidores, que los iremos desbloqueando en misiones a lo largo y ancho de Draenor. Los podremos enviar a su vez a misiones para que obtengan experiencia y nos consigan objetos especiales y recursos para evolucionar nuestra Ciudadelo (o Garrison en inglés). Algunos de estos seguidores incluso nos pueden acompañar en nuestras aventuras por Draenor.

Sólo por esta nueva mecánica merece la pena volver al juego, ya que es terriblemente entretenida. Puesto que cada misión de seguidores tiene un tiempo de finalización, nos podemos encontrar entrando al juego sólo para ver el resultado y volverlos a enviar a más misiones. Muy divertido, aunque a medio plazo se pueda hacer algo pesado y cansino a largo plazo, como todo este tipo de juegos.

El sistema de habilidades y talentos no ha sufrido grandes cambios con respecto a Mists of Pandaria. Tendremos poca capacidad de elección en los talentos, y las habilidades se irán subiendo automáticamente de versión. El nuevo nivel máximo es 100, y no hay habilidades nuevas, por lo que no es un terreno que vaya a desequilibrar el juego y que requiera varios parches para mantener el status quo. No hay tampoco clases de personaje nuevas, pero todos los modelos han sido mejorados para aprovechar las capacidades gráficas modernas (¿por fin?). Algo que sí ha cambiado son las características de personaje, con la inclusión de nuevas (como multigolpe) con la consiguiente mayor variedad de equipo. Además que ahora hay equipo que cuentan con estadísticas adaptables en función de nuestra especialización actual.

Las mazmorras son en general sencillas a nivel bajo, y son más un mero pasatiempo con algunos grupos de enemigos que limpiar entre jefes, pero en general tienen mecánicas que son interesantes verlas en modo heroico, y hay un nuevo modo "Mítico" más difícil. Gracias también a las Ciudadelas, nuestra necesidad de ir a "farmear" hierbas, minerales y otros materiales se reduce considerablemente, y se puede convertir en una experiencia más liviana para aquellos con menos tiempo.

En el terreno de las misiones no hay cambios. El sistema de subir de nivel, tampoco los tiene, si bien como he dicho la historia de trasfondo de todas ellas es estupenda, y muchas llenas con el toque de humor de Blizzard. Sí que hay algunos cambios, por ejemplo a los PNJs "raros" que ahora tiene un tiempo de regeneración reducido pero sólo dan botín la primera vez que los matemos. Esto evita largos procesos de búsqueda y espera para completar sus logros.

Conclusión

Warlords of Draenor es la vuelta a los orígenes del WoW con interesantes añadidos. La verdad es que personalmente me encanta, y pese al lanzamiento de infinidad de nuevos juegos de PC y consolas de nueva generación (Dragon Age: Inquisition, GTA V, AC: Unity, etc) voy a estar más tiempo en el WoW que en ellos. Al menos en el poco tiempo libre que tengo a lo largo del día.

Con esta expansión, que rememora viejos tiempos de la Burning Crusade, se ha ganado el favor de los más veteranos que llevan tiempo, incluso años, sin tocar el WoW. Ahora han vuelto con ganas de ver lo que han cambiado antes de que en navidades toque dedicarse a otras cuestiones (y juegos).

Puntuación

8.5

sobre 10

Lo mejor

  • El poder crear tu propia base de operaciones
  • La historia detrás de las misiones es muy épica
  • Gráficos mejorados, aunque siguen siendo los mismos en esencia

Lo peor

  • Sigue siendo World of Warcraft, con lo que ello implica (bueno y malo)