Las sanciones llevadas a cabo por EE. UU. a las empresas chinas para que no compraran semiconductores, maquinaria o chips, creados con tecnología estadounidense ha tenido un efecto adverso en el crecimiento económico de empresas como NVIDIA. Así que tras años de sanciones, Napoleón Trump ha decidido pausar esa guerra tecnológica, supuestamente para que no desarrollaran armamento con IA. Será que ahora no lo harán. El resultado de estos últimos años es que la cuota de mercado de las aceleradoras de NVIDIA en China ha caído por debajo del 60 %.

Antes de que la guerra empezara, la cuota de NVIDIA era superior al 95 %. Esta guerra tecnológica ha espoleado la producción local, con Huawei como claro vencedor, porque tendría en torno a un 20 % del mercado, con unas 812 000 aceleradoras puestas en centros de datos a lo largo y ancho del país durante 2025. Las aceleradoras chinas serían en torno a 1.65 millones de un total de 4 millones de aceleradoras instaladas el año pasado, algo más del 41 %. De AMD apenas se instalaron 160 000 aceleradoras. Lo curioso es que a pesar del embargo comercial de aceleradoras de NVIDIA, han llegado varios millones de ellas a China en los últimos años.

La cuestión de la IA está en que si una aceleradora de NVIDIA equivale a cinco chinas, pues China ha construido cinco veces más centros de datos para equiparar la potencia de cómputo total. Sobre todo para inferencia, no para entrenamiento. La guerra tecnológica no ha tenido el gran impacto esperado por Biden en el desarrollo de empresas chinas de IA, sino más bien uno limitado. Y lo que no han podido hacer con aceleradoras con más HBM, lo han suplido con optimizaciones como la de DeepSeek, que ahora se han extendido a Occidente mediante el TurboQuant de Google y otras soluciones que van apareciendo para reducir el uso de memoria.