La semana pasada, Dave Lee, un locutor de YouTube centrado en los portátiles —y de los pocos a los que sigo—, avisaba en su análisis del MacBook Pro 2018 con Core i9-8950HK que tenía una severa limitación térmica. Algo raro pasaba, porque el MacBook Pro de 2017 más potente superaba en muchas pruebas a este procesador de Intel con dos núcleos físicos más. Ayer confirmaba Apple que se trataba de un fallo en el sistema de gestión térmica.

Básicamente, el sistema estaba bajando mucho más de lo necesario las frecuencias del Core i9 y de forma errática, haciendo una gestión de la refrigeración un poco extraña. Una vez instalado el parche, Dave Lee lo ha probado y ha visto que los resultados son más que satisfactorios para un ultraportátil con el Core i9-8950HK como otros ultraportátiles que hay en el mercado.

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Como se ve en las nuevas pruebas, el rendimiento del MacBook Pro 2018 con el Core i9 y el parche instalado es el mismo que si se metiera el MacBook Pro 2018 en la nevera sin el parche. En el vídeo indica que las frecuencias no alcanzan a veces la frecuencia base del Core i9-8950HK de 2.9 GHz, mucho menos el turbo de 4.8 GHz, pero aquí digo que es perfectamente normal.

El Core i9-8950HK, al igual que el resto de procesador de movilidad, tienen una potencia de diseño térmico de 45 W, pero los fabricantes pueden solicitar a Intel que se lo proporcionen con un TDP hacia abajo de tan solo 35 W. Generalmente Apple y demás fabricantes de ultraportátiles opta por este segundo TDP, o algo intermedio, por lo que no van a llegar o no van a mantener las frecuencias base y turbo de referencia. Y es perfectamente normal, y no es algo aislado del MacBook Pro.

Dicho eso, el único problema de este fallo en realidad es preguntarse «cómo es posible» que Apple no se hubiera dado cuenta antes de este fallo. Por lo demás, las temperaturas de funcionamiento son las habituales de un MacBook Pro. El sistema de refrigeración es bueno para un ultraportátil, y normalmente en carga se pasa la vida en torno a los 90 ºC, que no son malas temperaturas.

Mi MacBook Pro de 2012 en carga se pasa la vida a 102 ºC, por lo que ni tan mal —y el equipo sigue funcionando perfectamente seis años después, si bien hace un par de años le cambié la pasta térmica como hay que hacer con cualquier equipo de sobremesa o portátil tras unos años—. Suelo puntualizar que los procesadores de portátiles están hechos para pasarse la vida a altas temperaturas, por lo que no hay que tenerle miedo —y no va a ocurrir como dicen los que odian a Apple sin tener ni idea que vaya a salir ardiendo el equipo—.

En CNET y otras webs han puesto a prueba el parche, viendo además que la regulación de frecuencias en mucho más estable en un uso normal del equipo. Como digo, el Core i9-8950HK del MacBook Pro tiene un menor TDP, por lo que se queda en unos 4-4.2 GHz de turbo máximo en un funcionamiento normal en vez de llegar a 4.4 GHz como antes o a los 4.8 GHz al que puede llegar el chip sin overclocking, pero a cambio se consigue unas frecuencias más estables.

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En MacWorld han hecho una prueba de un vídeo a 4K en Premiere comparando el i9 con el i7 más potente del año pasado. El resultado es que de 90 minutos del i7 u 80 minutos con el i9 sin el parche se pasa a 72 minutos de exportación con el i9 con parche. En general la mejora de rendimiento vista con el parche, con mismas temperaturas, se ve que está entre el 20 y 30 %, que convierte a ese Core i9 en una opción muchísimo más atractiva. Caso cerrado.

Vía: MacRumors.