Los discos SSD de tipo M.2 se venden con interfaz SATA3, limitados a unos 550 MB/s de transferencia, o PCIe 3.0 x4, limitados a un máximo de 4000 MB/s. Debido al mayor consumo y uso de los chips de memoria que hacen los segundos, generan una mayor cantidad de calor cuando se les somete a un uso continuado, lo que lleva a que una limitación térmica para evitar daños en los chips, reduciendo drásticamente el rendimiento.

Un estudio del año pasado hizo hincapié en este aspecto, y se han ido haciendo cada vez más populares los disipadores para las ranuras M.2 en placa. EK Water Blocks ha presentado su propio modelo de disipador de aluminio para los M.2, denominado simplemente EK-M.2.

Además del disipador frontal incluyen una placa trasera y clips de sujeción, para los modelos de SSD de tipo M.2 en formato 2280 —22 mm de ancho y 80 mm de largo—. Según la compañía, se pueden reducir entre 8 y 10 ºC la temperatura en un uso continuado, o más si le llega corriente de aire de algún ventilador.

El precio del disipador con acabado en negro es de 9.96 euros, y el acabado de níquel se sitúa en los 12.94 euros. Puesto que van a llegar modelos de SSD de mayor capacidad y complejidad en cuanto al chip del controlador, se irán haciendo cada vez más necesarios en escenarios de uso intenso —por ejemplo, al copiar archivos grandes entre discos—.

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Vía: AnandTech.