El catálogo de personajes de Marvel Cómics es ciertamente impresionante, con más de 8.000 personajes. Algunos de ellos son tan oscuros que incluso los fans más acérrimos los desconocen. No es el caso de Ant-Man quien, a pesar de ser uno de los primeros personajes creados a principios de los 60, ha sido un personaje secundario desde la segunda mitad de dicha década.

Cuando se anunció que Marvel iba a poner en marcha una película de Ant-Man, poca gente la vio viable, sobre todo desde que el hombre que apostaba por ella, el director Edgar Wright, abandonó el proyecto por diferencias creativas. Que además fuera la película que cerrase la Fase II de Marvel estudios causó bastante sorpresa. Sin embargo esta película, menos ambiciosa que Los Vengadores: la Era de Ultrón, es una película bastante más redonda, demostrando que menos puede ser más.

Dos hombres y un destino

Las historias que se cuentan en Ant-Man son de un carácter mucho más personal que las últimas películas del estudio. Es una historia de dos padres y dos hijas, y de un discípulo herido y su mentor. No hay grandes amenazas que supongan el fin del mundo si no son paradas, pues el gran enemigo de los personajes son ellos mismos, y su capacidad para superar sus propios defectos de personalidad.

El principal protagonista es el simpático Paul Rudd, quien por primera vez protagoniza una película de acción, aunque se entremezcle con la comedia. Su personaje, Scott Lang, es un ingeniero que, tras haber emulado a Robin Hood, acaba con sus huesos en prisión. Esto le aparta de su hija, con quien trata de reconectar a la salida de prisión, algo que no es nada fácil cuando eres un expresidiario y ni siquiera puedes conseguir trabajo.

Hank Pym, interpretado por Michael Douglas, es un genio científico ahora jubilado que descubre que su discípulo, Darren Cross (el estupendo Corey Stoll), está recreando su gran obra, la cual puede cambiar el mundo si cae en malas manos. En su intento de parar los pies acaba recultando a Scott Lang, como forma de proteger a su hija, Hope (Evangeline Lilly). El esfuerzo de Pym, Lang y Hope por destruir y roba el trabajo de Cross marca la narración principal de la película.

El hombre en el hormiguero

Salpicada por grandes dosis de humor, la película hace algo que en los cómics muchas veces no queda bien retratado, que es demostrar lo interesantes que son los poderes de un personaje que es capaz de encogerse al tamaño de una hormiga bien utilizados. El retener la fuerza de una persona normal convierte a un personaje así en una bala, y es algo a lo que se le saca mucho provecho.

Con más medios que películas como El increíble hombre menguante o Cariño, he encogido a los niños, el mundo normal se antoja una aventura peligrosa y emocionante. El suelo de una discoteca es una trampa mortal, mientras que una sala de servidores es una ciudad futurista poblada por rascacielos imponentes.

Las hormigas juegan un papel bastante importante en la película. El control de las mismas y el uso que de ellas hacen da mucho juego, sin llegar a robar la escena o distraer al espectador. Menospreciar lo que pueden hacer es un gran error, como demuestra el uso especialmente creativo que de ellas hacen los personajes.

De una Avispa y un Avispón

El trabajo de los actores es por lo general bueno, aunque algunos podrían haber estado más aprovechados. Paul Rudd es un actor capaz de aguantar el peso de una comedia sin problemas, algo que aquí queda patente. Desplegando carisma y simpatía, en manos de otro actor Scott Lang habría sido un personaje inaguantable. Con momentos ciertamente memorables en la película, uno de los mejores aspectos es que no eclipsa a sus coprotagonistas,.

El trabajo de Michael Douglas es estupendo, con más peso del que parecía en un principio. Dentro del guión a el le corresponden todos los momentos en los que hay que acalarar o explicar puntos claves de la trama, lo cual realiza de manera ejemplar. Se le nota muy cómodo en el papel, al cual habrá aportado algunos toques de su propia vida personal, por lo que no extraña que desee seguir interpretándolo si el estudio lo considera oportuno.

Dentro de los papeles protagonistas hay dos actores que están infrautilizados. Corey Stoll, magnífico actor a quien se le reconocerá de su gran papel en House of Cards, vuelve a componer un villano Marvel con los mismos poderes que el protagonista. Su relación con Hank Pym no tiene profundidad suficiente, por lo que acaba siendo un personaje plano, aunque Stoll trate, sin éxito a veces, que roce el ridículo.

El otro gran problema es el papel de Evangeline Lilly, cuyo personaje es un cúmulo de estereotipos, en el cual trata de hacer lo que puede. Nuevamente le pasa como con Tauriel en El Hobbit, pues fuerzan una relación romántica que está demás y parece metida con calzador. Espero que en futuras películas del UCM esto quede solventado de una vez, no ya con su personaje, Hope Van Dyne, sino con todos los papeles femeninos.

En cuanto a los secundarios, Michael Peña demuestra ser un gran actor de comedia, con dos momentos excepcionales. Del trío de ayudantes humanos de Scott Lang es el que más papel tiene, pues es su antiguo compañero de celda y el único apoyo tras salir de prisión, componiendo un papel de criminal de cuarta fila francamente divertido.

Una pequeña gran película

Lo mejor de la película es que, como no había expectativas sobre la misma, acaba siendo una gran sorpresa. Buenos efectos especiales que no están metidos con calzador, una trama que se desmarca de lo que ha sido habitual en las películas Marvel y un reparto competente. Quizá muchos le achaquen a que se pasa con la comedia, pero realmente juega en su beneficio y los toques de comedia son empleados de forma efectiva en su desarrollo.

Entre los elementos que mejor resultan está su tercer acto, pues de todos los escenarios posibles para una batalla final, el más insospechado es la habitación de una niña. Sorprendentemente, da muchísimo juego, pues el uso de los tamaños está bien empleado, por lo que acaba siendo una de las batallas finales más entretenidas que Marvel haya rodado hasta la fecha.

De cara a los lectores de cómics, la película está plagada de guiños y menciones, así como un cameo importante, tomando prestados elementos de cómics recientes, como Secret Invasion y la recta final de Bendis como guionista de Los Vengadores. También hay elementos muy sutiles que hacen referencia a la historia personal en los cómics de Hank Pym, los cuales pasarán desapercibidos ante el gran público, así como un pequeño detalle que parece tomado de la historia del Capitán América.

Como todas las demás películas, esta tiene dos puntos de enlace muy claros a la Fase III de Marvel Studios, por lo que Scott Lang puede jugar un papel menor, pero importante, en Capitán América: Guerra Civil y en el resto de ellas. Que Ant-Man haya cerrado la Fase II acaba siendo una coincidencia feliz que sirve de anticipo para cosas más grandes y trascendentes.

El Hombre Hormiga no ha dicho su última palabra y esperemos que haya una segunda parte, pues queda terreno por explorar para todos los personajes. Aunque una precuela centrada en Hank Pym tampoco estaría mal. Si queréis ver una película entretenida y sin pretensiones, esta es para vosotros. Para ser un personaje que jamás nadie se ha tomado en serio, realmente merece la pena.

Puntuación

8.0

sobre 10

Lo mejor

  • Una película sin pretensiones que da más de lo que te esperas.

Lo peor

  • Un villano nada original y la infrautilización de Corey Stoll y Evangeline Lilly.