El aumento del precio de los chips de memoria, o de cualquier chip en general, suele tener un impacto inmediato en los fabricantes de electrónica pero suele tardar medio año en trasladarse al sector consumo. Así que la escalada de precios que se inició en noviembre del año pasado se empezó a notar en mayo, con continuos aumentos de precio de móviles, portátiles o tabletas recién presentados, y en menor medida de productos que seguían en producción. Así que, ante los fuertes incrementos de precios, hay consumidores que han dejado de comprar y eso se ha notado en los OEM de sobremesas y portátiles.
Las ventas del sector PC han caído un 4 % según los datos de Counterpoint Research, y solo dos empresas han ido contracorriente: Apple y ASUS. La primera, porque el aumento de precios lo ha aplicado a principios de julio y se ha beneficiado de convertirse en más atractivos que equipos con Windows, aunque el MacBook Neo también les ha beneficiado mucho. La segunda, porque tiene un mayor volumen de producción, se orienta a un punto de precio más caro, y sus subidas han sido un poco más moderadas —porque ya van con sobreprecio— al tener más margen de negociación con los fabricantes de chips como ocurre con Apple.
El problema es que los precios de la RAM y SSD seguirán subiendo sin techo, y la demanda seguirá bajando. Hasta que al consumidor no le quede más remedio que cambiar sus obsoletos equipos pandémicos de 2020 y 2021, y pagará caro no haberlos renovado ya. No parece que vaya a haber un desplome en el sector porque los equipos han pasado de venderse con 32 GB a venderse con 16 GB, y generalmente para el uso ofimático que se les suele dar a los equipos es suficiente. Esa vía está permitiendo contener un desplome de ventas, pero a empresas como HP les está sentando mal. Otras como Lenovo, que pueden vender equipos en China fácilmente con chips de memoria de CXMT e YMTC, apenas sufren un impacto del 2 %.

Vía: WCCFTech.